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ALIMENTACIÓN HOY EN DÍA 12/2011

La deficiencia de yodo en Europa: un problema de salud pública oculto

En la Asamblea Mundial de la Salud de 1992, los países europeos se unieron con el objetivo de eliminar las enfermedades causadas por la deficiencia de yodo. Después, en 2002, las Naciones Unidas establecieron otro objetivo: la erradicación, para el año 2005, de la deficiencia de yodo. En la actualidad, y pese al notable avance logrado en las dos últimas décadas, la amenaza de la deficiencia de yodo sigue estando presente en Europa. ¿Por qué es importante el yodo, y qué se puede hacer para resolver este problema de salud pública?

El yodo en el organismo
El yodo es esencial para la producción de hormonas tiroideas y participa en el metabolismo energético. La insuficiencia de yodo da lugar a hipotiroidismo, una enfermedad caracterizada por aumento de peso, debilidad y agrandamiento de la glándula tiroides (dicho agrandamiento se denomina “bocio”). La deficiencia de yodo constituye un importante problema de salud pública, especialmente en mujeres embarazadas, bebés lactantes y niños pequeños y en edad escolar, ya que una deficiencia prolongada durante el desarrollo provoca lesiones cerebrales irreversibles y retraso mental1.

Fuentes de yodo en los alimentos
Hay muchos alimentos que no contienen yodo; en cambio, en otros, como el pescado, el marisco, las algas marinas y los productos lácteos (gracias a que se enriquecen con yodo los piensos de animales), el yodo está presente en mayores cantidades2. El contenido en yodo de los alimentos difiere en función de la ubicación geográfica, a causa de las diferentes cantidades de yodo presente en los suelos y en el agua marina. La sal yodada es una importante fuente de yodo en la dieta en todo el mundo, pero el uso de esta sal varía mucho en Europa. En los casos en los que se utiliza sal yodada en la producción de alimentos, aquellos que presentan un contenido en sal relativamente alto, como el pan, las salchichas y el queso, así como los “snacks” (tentempiés) salados y determinadas comidas preparadas, pueden contribuir notablemente a la ingesta de yodo procedente de los alimentos.


Ingestas recomendadas e ingestas reales
La Unión Europea (UE) ha establecido una ingesta diaria recomendada de 150 µg de yodo en personas adultas, estando la ingesta máxima recomendada en 600 µg diarios2,3. En 2007, la OMS calculó que la ingesta de yodo era adecuada en 19 países europeos, lo que representaba un avance respecto a 1993, en que sólo era adecuada en 2 países4. Sin embargo, en 13 de los 40 países europeos evaluados, persistía la deficiencia de yodo. Es necesario poner mayor énfasis en lactantes y en niños pequeños y en edad escolar, ya que se trata de una población particularmente sensible a la deficiencia de yodo. En 2004, la OMS calculó que el 43% de los niños europeos de edades comprendidas entre los 6 y los 12 años no ingerían suficiente yodo, y en un estudio llevado a cabo en el Reino Unido en 2010, con niñas en edad escolar, se encontró que el 51% de las niñas evaluadas padecían deficiencia de yodo4,5. Los vegetarianos, las personas a quienes se les han prescrito dietas bajas en sal y las personas alérgicas a los lácteos o al pescado pueden necesitar yodo adicional.


La sal yodada
La sal yodada, cuyo uso se ha generalizado, ha sido la solución más rentable y satisfactoria para la prevención y el tratamiento de la deficiencia de yodo en todo el mundo4. Sin embargo, el uso de la sal yodada es obligatorio en pocos países europeos y la legislación varía de un país a otro. En 2007, sólo 17 de 40 países europeos tenían en vigor programas nacionales en los que se promovía el empleo de sal yodada. Es posible que el uso de esta sal esté en auge, ya que en 2007 se consumía sal yodada en el 39% de los hogares de los países centroeuropeos y del Este de Europa, frente a un 27% de los hogares en 1994.

Por otro lado, los consumidores europeos ingieren menos sal, sobre todo a raíz de las iniciativas de salud pública encaminadas a prevenir la tensión arterial alta y las enfermedades cardiacas. En los últimos 50 años, el consumo de sal en Europa se ha ido reduciendo hasta la ingesta media actual, que está en torno a 8–12 g al día, y desde el ámbito de los servicios de salud pública se han realizado recomendaciones que abogan por un consumo diario de 5–6 g6. A la hora de dar recomendaciones resulta difícil conseguir un equilibrio entre la reducción de la ingesta de sal para prevenir enfermedades y el aumento de la ingesta de sal yodada. Además, los consumidores ingieren sal procedente sobre todo de alimentos procesados, más que sal de mesa, lo que hace necesario que la industria alimentaria asuma las regulaciones en materia de sal yodada.


Suplementos y enriquecimiento 
Aunque la sal yodada es la principal solución al problema de la deficiencia de yodo, hay otras alternativas. Se han empleado con éxito suplementos de yodo en las poblaciones con mayor riesgo, como las mujeres embarazadas. En Rumanía, el aceite yodado ha sustituido satisfactoriamente a la sal yodada, y en Italia (Sicilia) se emplea agua yodada. Mirando más allá de Europa, en China se ha añadido yodo al té, y en Guatemala y Sudán se ha probado el azúcar yodado. Además, el aumento del contenido en yodo de los piensos destinados a animales puede elevar indirectamente el contenido de yodo de los productos lácteos, de manera que, actualmente, la leche rica en yodo contribuye notablemente a la ingesta de yodo procedente de los alimentos en el Norte de Europa y en el Reino Unido4.


Mirando al futuro 
En 2010, la Red de Excelencia EURRECA (“EURopean micronutrient RECommendations Aligned”, o red europea de armonización de las recomendaciones sobre micronutrientes) denominó al yodo como uno de los diez micronutrientes más importantes sobre los que resulta necesario revisar las recomendaciones nutritivas y unificar las iniciativas y los criterios normativos7. Para el aumento de su consumo, es necesario la uniformidad de las recomendaciones y la supervisión continua.

La deficiencia de yodo sigue siendo un problema de salud pública en Europa, pero la renovada colaboración entre el sector gubernamental, la industria y los consumidores, junto con los avances en el enriquecimiento con yodo de los alimentos y la promoción, desde el ámbito normativo, del empleo de la sal yodada, sustentan grandes esperanzas de mejora.

Referencias

  1. Dunn JT. (2006). Iodine. In M.E. Shils et al. (Eds.), Modern Nutrition in Health and Disease, 10th ed. (pp. 302–311). Philadelphia PA: Lippincott Williams & Wilkins.
  2. Scientific Committee on Food (2002). Opinion of the Scientific Committee on Food on the tolerable upper intake level of iodine.
  3. DIRECTIVA 2008/100/CE DE LA COMISIÓN de 28 de octubre de 2008 por la que se modifica la Directiva 90/496/CEE del Consejo, relativa al etiquetado sobre propiedades nutritivas de los productos alimenticios, en lo que respecta a las cantidades diarias recomendadas, los factores de conversión de la energía y las definiciones. OJ L 285, p. 9–12.
  4. WHO and UNICEF (2007). Iodine deficiency in Europe: a continuing public health problem. Geneva: WHO.
  5. Vanderpump MP et al. (2011). Iodine status of UK school girls: a cross-sectional survey. Lancet 377(9782):2007–2012.
  6. Busch J et al. (2010). Salt reduction and the consumer perspective. New Food 2/10:36–39.
  7. Cavelaars AE et al. (2010). Prioritizing micronutrients for the purpose of reviewing their requirements: a protocol developed by EURRECA. Eur J Clin Nutr 64(2):S19–30.
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Fecha de la última actualización 21/07/2016
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