Cada semana aparecen nuevos regímenes de moda y panaceas dietéticas en las páginas de las revistas femeninas. En realidad, ya sabemos que ni los ‘gajos de pomelo’ ni la ‘leche de yak cultivada’ son la solución a nuestros problemas de sobrepeso. ¿Por qué no desechamos entonces estas dietas?
La respuesta radica en que perder peso y, especialmente, mantenerlo cuando ya nos acercamos a nuestro peso ideal, es uno de los objetivos más difíciles de conseguir en materia de salud. Para el médico de cabecera es fácil decir: “Pierda 30 kilos y vuelva a verme entonces” dando una hoja informativa sobre la dieta como única ayuda. Lo realmente difícil es llegar a lograrlo. Si no fuera así, ya se habría ganado la batalla a la primera epidemia mundial de exceso de peso que se da actualmente, así como a las enfermedades asociadas a este problema. No sólo no hemos conseguido frenar la obesidad, sino que la proporción de la población con sobrepeso continúa aumentando. Y lo que es más grave, la edad a la que comienza este problema es cada vez más temprana. Es muy posible que éste sea el primer siglo en el que la expectativa de vida de los niños sea inferior a la de sus padres.
No hay que burlarse de las personas obesas, ni comentar despectivamente que lo son a causa de su glotonería o pereza. Debemos tratar de comprenderles y ayudarles. Por encima de todo, hay que reconocer que perder peso resulta tan difícil que quienes quieren conseguirlo se aferran a cualquier píldora o poción mágica que prometa facilitarles la tarea. Los falsos doctores y charlatanes que venden sus productos adelgazantes deben saber que no sólo es cruel aprovecharse de quienes realmente buscan ayuda para obtener “dinero fácil”; sino que además, es un fraude, comparable a la falsificación de una firma en documentos bancarios.
En toda Europa hay legisladores y controladores que analizan la publicidad con el fin proteger a los consumidores vulnerables y evitar que sean víctimas de los fraudes relacionados con productos adelgazantes. Su trabajo resulta muy complicado por la dificultad de controlar las campañas de promoción internacionales, especialmente las que parten de fuera de la UE y se difunden por correo o Internet o se entregan en mano. Los consumidores vulnerables, en su necesidad de creer en una solución mágica, acceden a participar en estos fraudes. Los resultados inevitables son la decepción y la pérdida de dinero, que no de peso.
¿Por qué resulta tan difícil perder peso? El principio es fácil: si ingerimos alimentos que nos proporcionan la misma cantidad de energía que la que gastamos, mantendremos un peso constante; si consumimos menos energía de la que quemamos, perderemos peso; y, si consumimos más energía de la que necesitamos, inevitablemente aumentaremos de peso. Sabemos esto, pero muy pocas personas parecen ser capaces de lograr el equilibrio perfecto. ¿Por qué?
El problema reside en que nos enfrentamos a una herencia de 100 millones de años. Durante el 99,9% de este periodo, el reino animal sufría a causa del hambre y la escasez de alimentos. Conseguir comida en cantidad suficiente no era fácil, y quienes acumulaban reservas energéticas en forma de grasa tenían mayor probabilidad de sobrevivir; con el tiempo, su constitución genética se hizo predominante. Hemos desarrollado diversos mecanismos innatos que nos incitan a comer y, sin embargo, no sabemos de ningún mecanismo innato que evite comer en exceso.
Entonces, ¿no hay nada que pueda ayudarnos? Por supuesto que sí, y trataremos este tema próximamente. El mensaje del presente artículo es que no hay métodos fáciles, ni remedios, dietas o medicamentos mágicos para controlar el peso. Es cuestión de constancia y esfuerzo, en todos los sentidos.
FOOD TODAY 04/2003