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Los efectos sobre la salud de los ácidos grasos insaturados - Resumen

Resumen del documento informativo de la BNF “Nutrición durante el embarazo” (Nutrition in pregnancy). Autores: Joanne Lunn y Hannah E. Theobald, Nutricionistas de la Fundación Británica de la Nutrición.

La materia grasa proporciona energía, y es en realidad el macronutriente más energético de todos, ya que 1g proporciona 37kJ (9kcal). Sin embargo, los componentes de la materia grasa, los ácidos grasos, no son una mera fuente de energía, sino que son necesarios para que el cuerpo cumpla otras numerosas funciones. Cada vez existe una mayor sensibilización respecto a los posibles beneficios para la salud que aportan determinados tipos de ácidos grasos. Los ácidos grasos son largas cadenas hidrocarbonadas que tienen un grupo metilo en un extremo (el extremo omega o extremo N) y un grupo ácido en el otro. Los ácidos grasos insaturados son cadenas hidrocarbonadas que contienen por lo menos un doble enlace de carbono: los ácidos grasos monoinsaturados (MUFA) contienen un único doble enlace, mientras que los ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) contienen numerosos enlaces dobles. La posición del doble enlace en relación al extremo omega determina si un ácido graso poliinsaturado es un ácido graso omega-3 (n-3) u omega-6 (n-6).

La mayoría de los ácidos grasos pueden ser sintetizados en el cuerpo, pero los seres humanos carecen de las enzimas necesarias para producir dos ácidos grasos, los cuales se denominan ácidos grasos esenciales y deben obtenerse ingiriéndolos como parte de la dieta. Los ácidos grasos esenciales que deben formar parte de la dieta humana, son el ácido α-linolénico (poliinsaturado omega-3) y el ácidos α-linoleico (poliinsaturado omega-6). Aun cuando los seres humanos pueden alargar el ácido α-linolénico, proveniente de la dieta, y transformarlo en los ácidos de cadena larga eicosapentenoico y decosahexenoico (omega-3 poliinsaturados), la tasa de síntesis puede no ser suficiente para satisfacer los niveles necesarios, por lo que se recomienda que también se incluyan en la dieta fuentes ricas en estos ácidos grasos, es decir, el pescado graso.

La materia grasa se encuentra en la mayoría de los grupos de alimentos, y los alimentos que contienen materias grasas por lo general proporcionan una gama de diferentes ácidos grasos, tanto saturados como insaturados. En Europa, las principales fuentes nutricionales de ácidos grasos insaturados incluyen la carne y los productos cárnicos, cereales y productos a base de cereales, patatas y aperitivos salados, principalmente como resultado de los aceites vegetales empleados en su elaboración. En la dieta occidental, los ácidos grasos omega-6 son los ácidos grasos poliinsaturados predominantes, en consonancia con los consejos dietéticos actuales. El equilibrio de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 y omega-6 en la dieta occidental ha cambiado sustancialmente en los últimos 100 años, más o menos, y visto que las dos familias de ácidos grasos poliinsaturados comparten una vía metabólica común, preocupa que esto pueda tener resultados perjudiciales para la salud. Lo que parece cada vez más claro es que los PUFA omega-3 y los omega-6, ejercen efectos independientes sobre nuestra salud y, teniendo en cuenta que la consumición de PUFA omega-6 corresponde a las directrices de una dieta saludable, lo que preocupa ahora es la proporción entre omega-6 y omega-3, debido a la baja ingesta de omega-3.

La detección de asociaciones entre los componentes de la dieta y el riesgo de diversas enfermedades es muy compleja y, en muchos casos, todavía se están acumulando pruebas. Las enfermedades cardiovasculares, caracterizas por el endurecimiento y estrechamiento de los vasos sanguíneos y/o el desarrollo de coágulos de sangre, es una de las principales causas de mortalidad y morbilidad en todo el mundo. El tipo y la cantidad total de materia grasa en la dieta desempeñan claramente una función en la manera en la que afectan al nivel de riesgo de enfermedad de una persona, a pesar de ello, siguen sin ser claros los mecanismos precisos mediante los cuales los ácidos grasos reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Se han identificado varios mecanismos a través de los que la dieta de ácidos grasos podría influir en la progresión de las enfermedades cardiovasculares y sus factores de riesgo. Estos mecanismos incluyen los efectos sobre los niveles de lípidos en la sangre, la presión arterial, la respuesta inflamatoria, la arritmia y la función endotelial, además de muchos otros efectos, tanto conocidos como por definirse. Un factor de riesgo bien establecido para la enfermedad cardiovascular es la elevada concentración plasmática de colesterol LDL. La sustitución de ácidos grasos saturados ya sea con ácidos grasos monoinsaturados o ácidos grasos poliinsaturados omega-6, reduce el colesterol LDL (el colesterol "malo"), reduciendo así el riesgo de desarrollar la enfermedad. Los ácidos grasos insaturados, como el ácido linoleico o los ácidos grasos monoinsaturados, también aumentan ligeramente el HDL (el colesterol "bueno"), lo que ayuda a la eliminación de los triacilgliceroles (TAG) de la sangre. El interés en los efectos que ejercen sobre la salud los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 de cadena larga que se encuentran en los aceites de pescado también está aumentando. Existen pruebas, aunque todavía no son concluyentes, de que estos ácidos grasos protegen contra las enfermedades cardíacas mortales. En los últimos años, los posibles beneficios para la salud del ácido α-linolénico ha llamado la atención y aumentan las pruebas del papel que este ácido graso omega-3 puede desempeñar en la prevención de la progresión de las enfermedades cardiovasculares, aunque en la actualidad no esté claro cuál es, si la hubiera, la asociación que existe entre ambos factores., .

Las células cerebrales son particularmente ricas en ciertos ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga. Esta constatación ha llevado a proponer que la situación nutricional de estos ácidos grasos de cadena larga puede influir en la función cognitiva y el comportamiento. La investigación en este campo está todavía en sus primeras etapas, pero ya hay indicios que sugieren que tras introducir un suplemento de ácidos grasos, se producen mejoras en la función cognitiva. Por otra parte, es un hecho bien conocido que las mujeres embarazadas deben tener un suministro adecuado de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 de cadena larga antes y durante el embarazo y la lactancia para favorecer un desarrollo normal, así como un buen desarrollo neurológico y de la función cognitiva del bebé. Habida cuenta que los ácidos grasos poliinsaturados omega-6 son más abundantes en la dieta, resulta menos problemático conseguir una ingesta adecuada. Sin embargo, no ocurre lo mismo con los ácidos grasos poliinsaturados omega-3; aumentar el consumo de pescado a más de 2 porciones de pescado graso por semana, o depender de la administración de complementos de aceite de pescado no es conveniente durante el embarazo debido a los posibles problemas asociados con la contaminación del pescado con metales pesados, o los altos niveles de vitamina A en algunos complementos de aceite de pescado.

Los ácidos grasos insaturados también se han asociado con varias otras enfermedades y, aunque las pruebas no son concluyentes, es un ámbito que está siendo objeto de un enorme interés. La materia grasa en la dieta afecta a varias vías metabólicas diferentes incluidas las que participan en el control de la glucemia. Por tanto, los tipos y cantidades de grasas de la dieta pueden desempeñar un papel en la gestión de la diabetes tipo 2. Los ácidos grasos insaturados también pueden estar asociados con la disminución en el riesgo de desarrollar determinados tipos de cáncer como el cáncer de colon, mama y próstata, aunque actualmente el nivel de pruebas no es considerado suficiente por instancias como el Fondo Mundial sobre Investigaciones sobre el Cáncer (WCRF, del inglés World Cancer Research Fund ) o la Organización Mundial de la Salud (OMS) como para hacer cualquier recomendación dietética específica. Asimismo, hay una serie de condiciones de tipo inflamatorio como el asma, la enfermedad de Crohn y la artritis, que posiblemente podrían aliviarse mediante modificaciones en la dieta. La composición de ácidos grasos de las membranas celulares puede ser alterada por el consumo de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 y omega-6, lo que puede provocar una reducción de la actividad inflamatoria. Sin embargo, todavía no queda claro si este efecto provoca una reducción significativa en los síntomas clínicos. También es importante señalar que preocupa el hecho de que los efectos benéficos sobre los resultados de determinadas enfermedades sólo se observaron tras una ingesta muy alta de ácidos grasos insaturados, la cual sólo podría lograrse, de manera realista, mediante la administración de complementos. Pocos nutricionistas se sentirían inclinados a recomendar el empleo de complementos como única alternativa al pescado, ya que puede resultar oneroso y va en contra de la idea de que todos los nutrientes que requiere nuestro cuerpo pueden obtenerse a través de los alimentos que ingerimos, siempre que se adopte una dieta correcta.

Hoy día, los ácidos grasos insaturados son un tema de gran actualidad y su presencia en los alimentos ha atraído el interés tanto del público como de los sectores industriales. A partir del 1 de julio de 2007, existe un nuevo Reglamento de la UE (1924/2006) relativo a las declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en los alimentos, que establece formalmente los criterios que un producto tendrá que satisfacer para poder efectuar una declaración nutricional y de propiedades saludables.

En general, necesitamos aumentar nuestro consumo de ácidos grasos poliinsaturados omega-3 de cadena larga y disminuir la ingesta de ácidos grasos saturados. Para facilitar este consumo, los técnicos en alimentación están buscando la manera en que la pueda modificarse el perfil de los ácidos grasos de un alimento con el fin de lograr mejorar la dieta, sin necesidad de introducir un importante cambio en los hábitos alimentarios. De cualquier forma, los mensajes de salud pública en torno a la ingesta óptima de ácidos grasos deben ser claros y coherentes para garantizar que se produzca un cambio favorable en la relación a la importancia de los ácidos grasos en la dieta.

© British Nutrition Foundation 2006

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Fecha de la última actualización 24/07/2014
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