Las directrices alimentarias recomiendan el consumo moderado de grasas e incluir en nuestra alimentación fruta, verdura y cereales en abundancia. Los recientes resultados del mayor estudio de intervención alimentaria jamás realizado no demostraron que dichas recomendaciones tengan un efecto beneficioso en lo relativo al riesgo de padecer cáncer y enfermedades cardiovasculares. ¿O sí que lo hicieron? En realidad, los resultados de este decisivo estudio deben interpretarse con sumo cuidado.
En contra de las grasas y a favor de las frutas y las verduras
Hace tiempo que los científicos sospechan que una alimentación rica en grasas aumenta el riesgo de padecer cáncer de mama. Esto se deduce de los estudios realizados en laboratorio y de la constatación de que los grupos de personas que consumen menos grasa muestran una menor incidencia de esta enfermedad. Otros estudios han llegado a la misma conclusión, aunque sin ser totalmente concluyentes. Del mismo modo, se ha aventurado la hipótesis de que una dieta pobre en grasas y rica en verdura, fruta y fibra protege del cáncer colorrectal. Sin embargo, no se cuentan con muchas pruebas al respecto.
El efecto negativo de las grasas en los trastornos cardíacos está más documentado, y se achaca a las grasas saturadas y grasas trans. Por el contrario, las grasas insaturadas, y en especial los aceites de pescado, tienen un efecto protector.
En busca de una respuesta definitiva
A pesar de la existencia de toda una serie de pruebas sobre el efecto de la dieta
en el cáncer y las enfermedades cardiovasculares, pocos estudios han logrado demostrar una relación causal. La prueba más convincente es la que se obtiene mediante un estudio de intervención controlado en el que un grupo cambia su dieta (grupo de intervención) y otro grupo sigue alimentándose como hasta entonces (grupo de control). Cualquier efecto observado se debe a la intervención.
De ahí, la importancia del estudio de modificación dietética de la Iniciativa para la Salud de la Mujer (Women’s Health Initiative). Este estudio controlado contó con la participación de 48.835 mujeres de edades comprendidas entre los 50 y los 79 años durante 8 años. El grupo de intervención colaboró en un programa intensivo de modificación del comportamiento. La ingesta inicial de grasa alimentaria en dicho grupo representaba el 38% de las necesidades energéticas. La intervención redujo este valor en una cuarta parte (hasta un 27-30%) con respecto al grupo de control, y esto se mantuvo durante un mínimo de 6 años. Asimismo, se incrementó de forma moderada el consumo de verdura, fruta y cereales.
Análisis detenido de los resultados
Los índices de incidencia del cáncer de mama, el cáncer colorrectal y los accidentes cardiovasculares, como las enfermedades coronarias del corazón (ECC) y los accidentes cerebrovasculares, no difirieron de forma significativa entre los dos grupos.
A pesar de la falta de relevancia estadística de los resultados, no hay que concluir que la dieta no tiene un efecto en el cáncer o las enfermedades cardiovasculares.
Cáncer
En general, los resultados confirmaron las pruebas anteriores al estudio, esto es, que las mujeres que consumen una elevada cantidad de grasas, al reducirla e ingerir además la cantidad recomendada de fruta y verdura, vieron disminuido el riesgo de padecer ciertos tumores de mama. La reducción del riesgo fue mayor en el caso del cáncer de mama (y fue significativa para casi todas las participantes del grupo de intervención) que en el del cáncer colorrectal.
ECC
Las mujeres que más redujeron su consumo de grasas saturadas tendían a mostrar una mayor reducción del riesgo de padecer ECC. Las conclusiones de
este estudio en relación con estas enfermedades deben interpretarse con cautela, ya que la intervención alimentaria realizada no refleja totalmente las recomendaciones alimentarias actuales. Por ejemplo, no se intentó reducir el consumo de grasas saturadas y mantener o aumentar al mismo tiempo la ingesta de grasas beneficiosas. Sin embargo, los resultados corroboran el argumento según el cual los cambios en el consumo de grasas que llevan a reducir el colesterol LDL son buenos para el corazón.
Posibles razones del escaso efecto
Pese a que la intervención alimentaria del estudio fue considerable, ya que supuso la reducción de una cuarta parte del total de grasa de la dieta y el aumento del consumo de fruta y verdura en un tercio, el hecho de que sólo se observasen efectos en ciertos tipos de cáncer de mama y en las ECC puede parecer un resultado pobre, o incluso decepcionante. Una causa posible de esto podría ser la falta de optimización del consumo de determinados nutrientes (por ejemplo, el tipo de grasa), que podría haber tenido efectos más notables. También puede deberse a que los beneficios de la dieta se acumulen a lo largo de toda la vida o a que la pauta alimentaria tenga mayor efecto en la primera mitad de la vida de una persona.
Referencias
- Prentice RL et al. Low-Fat Dietary Pattern and Risk of Invasive Breast Cancer: The Women's Health Initiative Randomized Controlled Dietary Modification Trial. JAMA. 2006; 295: 620-642.
- Beresford SAA et al. Low-Fat Dietary Pattern and Risk of Colorectal Cancer: The Women's Health Initiative Randomized Controlled Dietary Modification Trial. JAMA. 2006; 295: 643-654.
- Howard BV et al. Low-Fat Dietary Pattern and Risk of Cardiovascular Disease: The Women's Health Initiative Randomized Controlled Dietary Modification Trial. JAMA. 2006; 295: 655-666.
FOOD TODAY 07/2006