En otros tiempos, se consideraba la obesidad como un trastorno de índole estética y no médica. Sin embargo, hoy en día se reconoce oficialmente que se trata de un grave problema de salud pública.
Ha dejado de ser la dolencia propia del estilo de vida de la opulenta sociedad occidental, para extenderse de modo alarmante tanto en los países industrializados como en aquéllos en desarrollo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la califica de "epidemia en expansión". Si no se toman serias medidas para contenerla, los casos de obesidad podrían verse duplicados a inicios del nuevo milenio. Esta enfermedad deriva de la combinación de diversos factores. Entre ellos, no se encuentra sólo el comer más de lo necesario, sino además la reducida actividad física, la predisposición genética, las anomalías endocrinológicas y un cuadro clínico determinado. Durante el VIII Congreso Internacional sobre esta materia, celebrado en París del 28 de agosto al 3 de septiembre de 1998, se señalaron los avances logrados en la investigación de la obesidad. Al respecto, el Profesor Bernard Guy-Grand (del Hospital Hôtel Dieu, de París), Presidente del congreso, declaró que "a pesar de la controversia reinante, en la actualidad se conocen mejor tanto las complicaciones y los riesgos que la obesidad implica, como los cuadros más peligrosos y los métodos de identificación". Los países industrializados dedican partidas cada vez mayores de sus presupuestos destinados a la salud, al tratamiento de la obesidad y a sus efectos secundarios (insuficiencias coronarias y cardiacas, derrames cerebrales, diabetes y osteoartritis).
Es importante ahora fomentar iniciativas comunes, con el fin de establecer estrategias para combatir esta enfermedad. Entretanto, la investigación continuará su búsqueda de mejores tratamientos:
- Los científicos han descubierto una hormona, la leptina, segregada por el tejido adiposo, que informa al cerebro sobre la cantidad de grasa almacenada en el cuerpo. La carencia de ésta es susceptible de provocar obesidad grave, que acarrear trastornos alimentarios e insuficiencia hormonal hipofisiaria. En breve, la leptina será para la obesidad lo que la insulina es para la diabetes, pese a que aún queda mucho por investigar.
- También se han descubierto en el ser humano nuevas proteínas libres. Están vinculadas a las que ya se descubrieron en los tejidos grasos de los roedores. Dichas proteínas dispersan la energía en forma de calor, en lugar de actividad muscular o de almacenarla. La cantidad de este tipo de proteínas que cada individuo posee, podría explicar las diferencias de peso entre personas que ingieren la misma cantidad de comida. Se sigue investigando la posibilidad de que lo observado en ciertos ratones pudiera aplicarse asimismo al ser humano.
- Los conocimientos sobre la complejidad de las sustancias implicadas en el control de la ingesta alimentaria van en aumento. Se conoce ya el papel que desempeñan las monoaminas y algunos péptidos. También se han descubierto nuevos agentes péptidos (la proteína agouti y las orexinas), cuyos mecanismos de acción se empiezan a comprender y que podrían constituir la base de nuevos medicamentos.
- Aunque el supuesto "gen de la obesidad" continúa siendo un gran desconocido, los investigadores han identificado numerosos factores genéticos y de la predisposición a esta enfermedad. En un futuro próximo, se conseguirá seguramente distinguir las diversas formas de obesidad, en función de las características genéticas. Gracias a ello podrían elaborarse nuevos instrumentos de diagnosis, así como estrategias terapéuticas personalizadas.
Y, mientras los científicos se afanan en concebir nuevos tratamientos contra esta dolencia, el equipo de trabajo International Obesidad Task Force (IOTF) de la IASO (Asociación Internacional para el Estudio de la Obesidad), colabora con la OMS en la elaboración de un programa de acción de tres años, orientado a concienciar a los gobiernos sobre esta epidemia en expansión. En la actualidad se da prioridad al control regular del peso, en lugar de fomentar la pérdida súbita del mismo a corto plazo. El Profesor Stephan Rossner, miembro del Instituto Karolinska de Estocolmo y presidente electo de la IASO, afirma lo siguiente: "damos preponderancia a la necesidad de atajar la enfermedad en sus estadios iniciales, de abordar los problemas de sobrepeso infantil y de replantear la actividad física y el régimen que prescribimos, con el fin de garantizar un modo de vida activo y saludable". Una dieta equilibrada y la práctica regular de ejercicio constituyen los primeros pasos en la lucha contra la obesidad.
FOOD TODAY 12/1998