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INFORMES EUFIC 10/2013

Alimentos y prácticas agrícolas orgánicas: hechos científicos y percepción del consumidor

1. Introducción

Las prácticas agrícolas orgánicas en la UE constituyen un sistema de agricultura y producción de alimentos que combina estándares ambientales y de bienestar animal favorables y que cuenta con el apoyo de la normativa de la UE (Reglamentos (CE) n.º 834/2007(1) y n.º 889/2008/CE(2)). El sistema de producción orgánica lucha por minimizar la alteración del equilibrio natural al tiempo que garantiza la producción de alimentos de alta calidad. Para garantizar que los agricultores y procesadores orgánicos producen o procesan alimentos de acuerdo con la legislación orgánica, varios órganos de control y autoridades designados certifican e inspeccionan a cada profesional orgánico (consulte la lista de organismos y autoridades de control de la UE). Los productos agrícolas compatibles deben llevar el logotipo orgánico de la UE (figura 1).

Figura 1: logotipo orgánico de la UE

Las prácticas agrícolas orgánicas se han convertido en uno de los sectores de mayor crecimiento en el campo de la agricultura.(3) Entre 2005 y 2011 el total de la superficie cultivable utilizada para las prácticas agrícolas orgánicas (es decir, el área completamente convertida y el área en proceso de conversión) aumentó del 3,6 al 5,5 % del área agrícola total utilizada (UAA, del inglés Utilised Agricultural Area) en la UE de los 27 (datos proporcionados por Eurostat). En el período de 10 años de 2000 a 2010, se triplicó el mercado global para los productos orgánicos (estimado en 14 billones de euros en 2000 con respecto a los 45 billones de 2010). La creciente demanda de los consumidores de alimentos orgánicos apareció principalmente como consecuencia de las preocupaciones medioambientales y de la salud, que se vieron intensificadas por los escándalos y miedos alimentarios.(4-7) Los defensores de los alimentos orgánicos aparecidos en los medios de comunicación también desempeñaron un papel importante.(8) Sin embargo, desde el inicio de la crisis financiera en 2008, el crecimiento se ha visto reducido.(9) Este hecho se puede explicar como consecuencia de los mayores precios de los alimentos orgánicos que dejan de ser por tanto asequibles para ciertos consumidores.

El interés por los alimentos orgánicos ha aumentado en todo el mundo en respuesta a las preocupaciones relacionadas con las prácticas agrícolas convencionales, la seguridad de los alimentos, la salud de las personas, el bienestar animal y el medioambiente.(7) Los consumidores realizan numerosas inferencias positivas (como inferencias relacionadas con la salud humana, el medioambiente y el bienestar animal) de la etiqueta “orgánico”.(10) Otras inferencias están relacionadas con la naturalidad de los alimentos, su sabor, producción local, pureza (es decir, alimentos completamente o prácticamente sin aditivos) y la limpieza (es decir, alimentos sin pesticidas y otros contaminantes).(11, 12) 

Este estudio analiza la percepción de los consumidores con respecto a los alimentos orgánicos e investiga su base científica.

2. Valor nutricional

Los consumidores perciben que los alimentos de producción orgánica contienen una mayor cantidad de nutrientes, incluidas vitaminas y minerales, que los productos de producción convencional.(13)

Dangour et al. llevó a cabo un análisis sistemático de los estudios publicados entre 1958 y 2008 sobre la calidad nutricional de los alimentos orgánicos y concluyó que la calidad nutricional de los productos de producción orgánica y convencional era similar.(14) Se analizaron 10 nutrientes y componentes relevantes desde el punto de vista nutricional (incluida la vitamina C, el magnesio y compuestos fenólicos) y no se hallaron diferencias significativas entre los alimentos de producción orgánica y convencional. No obstante, hubo tres excepciones: el nitrógeno (mayor cantidad en alimentos convencionales), el fósforo y el ácido valorable (mayor cantidad de ambos en alimentos orgánicos). El nitrógeno es un constituyente de los aminoácidos y, por tanto, de las proteínas, mientras que el fósforo es necesario en el desarrollo de los huesos, así como en el crecimiento, mantenimiento y reparación de todos los tejidos y células. El ácido valorable está relacionado con la madurez de los alimentos vegetales. Una mayor cantidad de ácido valorable indica una menor madurez. La madurez puede influir en el valor nutricional de los alimentos, en particular en la relación almidón-azúcar, la cual disminuye a medida que aumenta la madurez. Sin embargo, el efecto de la madurez en el nivel de micronutrientes de los alimentos vegetales no está tan claro. Varios estudios han revelado correlaciones tanto negativas como positivas entre la fase de madurez y el nivel de antioxidantes, en función del tipo de antioxidante en cuestión.(15, 16) 

Los hallazgos del estudio llevado a cabo por Dangour et al.(14) coinciden en gran medida con otros estudios realizados.(17-24) No obstante, varias investigaciones advirtieron que las diferencias en contenido nutricional entre alimentos orgánicos y convencionales varían considerablemente en función del tipo de nutriente y del alimento sometido a análisis.(17, 19) Más recientemente, el estudio sistemático llevado a cabo por Smith-Spangler et al.(25) concluyó que, con la excepción del fósforo, las diferencias en contenido nutricional entre alimentos orgánicos y convencionales varían considerablemente. No obstante, los niveles claramente superiores de fósforo en los alimentos orgánicos no resultaron ser significativos desde el punto de vista biológico.

De igual modo, otros factores distintos a los métodos de producción resultan determinantes para la composición nutritiva de los alimentos. El genotipo (es decir, variedad o cultivar) es generalmente aceptado como un factor importante antes de la cosecha que determina la producción y la calidad nutricional de los alimentos vegetales, en concreto minerales, vitaminas y metabolitos vegetales secundarios. La composición nutritiva de ciertos cultivos puede también variar en función de las condiciones de crecimiento (aire, agua, suelo y clima), el régimen de pesticidas y fertilizantes, la incidencia de plagas y enfermedades, el momento y el método de cosecha, y las prácticas posteriores a la cosecha (p. ej., el almacenamiento, transporte y la preparación en el hogar).(14, 26-28) La composición nutritiva de los productos ganaderos puede verse afectada de forma similar por factores como la edad y raza del animal, el régimen de alimentación y la estación.(14)

En resumen, se puede concluir que hasta la fecha no hay pruebas que sugieran la existencia de diferencias nutricionales significativas entre los alimentos de producción orgánica y convencional.

3. Salubridad de los alimentos

Los consumidores perciben que los alimentos orgánicos son más seguros que los convencionales (perciben que los alimentos orgánicos contienen una menor cantidad de contaminantes químicos sintéticos).(13) Asimismo, un estudio realizado sobre la percepción de los consumidores belgas sobre el valor nutricional y toxicológico de las verduras orgánicas demostró que los consumidores valoran más el beneficio para la salud que aporta la “menor cantidad de contaminantes” que la “mayor cantidad de nutrientes”.

En la UE, los alimentos tanto orgánicos como convencionales están sujetos a estrictos requisitos de seguridad alimenticia. El Reglamento de la Comisión (CE) n.º 178/2002(29) estipula que la responsabilidad principal del cumplimiento de la normativa sobre alimentos reside en el operario de la empresa de alimentación y que los alimentos no se pueden poner en el mercado si no son seguros. El artículo 14 de dicho reglamento define como alimento no seguro aquel que es perjudicial para la salud o no es apto para el consumo humano. Otra legislación de la UE establece requisitos específicos para contaminantes como metales pesados, microorganismos, micotoxinas y OMG, entre otros.

A continuación se debaten tres áreas en términos de salubridad de los alimentos: i) Pesticidas, nitratos y metales pesados, ii) microorganismos y micotoxinas y iii) alimentos o ingredientes procedentes de organismos modificados genéticamente (GMO, del inglés Genetically Modified Organisms).

3.1 Pesticidas, nitratos y metales pesados

En general, los consumidores creen que las prácticas agrícolas orgánicas conllevan un uso escaso o inexistente de pesticidas.(7, 30) Con respecto a los nitratos, no existe actualmente información disponible sobre la percepción de los consumidores. Sin embargo, dada la prohibición de los pesticidas y fertilizantes sintéticos (que contienen nitrógeno) en las prácticas agrícolas orgánicas, es razonable asumir que los consumidores esperarían encontrar menores cantidades de residuos de pesticidas sintéticos y nitratos en los alimentos orgánicos.

Aunque se dispone de pocos datos en artículos científicos sobre los residuos de pesticidas en alimentos orgánicos, las pruebas indican que los alimentos convencionales son más propensos que los orgánicos a contener residuos de pesticidas sintéticos (simples y complejos).(23, 25, 30-34) Además, los niveles de residuos en alimentos convencionales son consistentemente más elevados que en los alimentos orgánicos. Sin embargo, estos hallazgos no conllevan que los alimentos orgánicos y convencionales contengan necesariamente residuos de pesticidas en concentraciones preocupantes desde el punto de vista de la seguridad o que incluso se puedan medir en laboratorio.(35, 36) La presencia de pesticidas sintéticos en alimentos orgánicos puede deberse a la contaminación ambiental. Aunque las prácticas agrícolas orgánicas no permiten el uso de pesticidas sintéticos, sí pueden emplear un número limitado de biopesticidas, que son tipos de intervenciones de gestión de plagas basadas en microorganismos o productos naturales (como el cobre o el azufre).(37) Los biopesticidas tienden generalmente a tener un menor impacto general en el medioambiente que los pesticidas químicos convencionales.(38) Una lista de todos los productos autorizados de protección de vegetales se incluye en la Directiva Europea n.º 91/414/CEE(39), mientras que en el Anexo II del Reglamento (CE) n.º 889/2008(2) se proporciona una lista de productos permitidos en las prácticas agrícolas.

Teniendo en cuenta estos datos, se puede concluir que las creencias de los consumidores en relación con la ausencia o presencia limitada de residuos de pesticidas sintéticos se ven en gran medida refrendadas por las evidencias científicas. No obstante, no avalan la percepción de que los alimentos orgánicos sean más seguros o no contengan en absoluto residuos de pesticidas.

Otro hallazgo relativamente consistente es que los alimentos orgánicos tienen menores niveles de nitrato que los convencionales.(17, 23, 33) Es probable que la razón subyacente sea la prohibición de fertilizantes sintéticos (que contienen nitrógeno) y el uso de fertilizantes naturales (como el abono). No obstante, en el caso de ciertos cultivos con una menor capacidad de acumulación de nitrato, como las semillas y las hortalizas de bulbo, la práctica de fertilización no repercute significativamente en el contenido de nitrato. En consecuencia, el nivel de nitrato no varía significativamente entre cultivos de producción orgánica o convencional.(23) Aunque el nitrato está considerado como un contaminante, investigaciones recientes sugieren que el nitrato también puede tener efectos beneficiosos para la salud, como la reducción de la tensión arterial en adultos.(40, 41) 

Existen pocos datos científicos en cuanto a las diferencias en la cantidad de metales pesados (p. ej., cadmio y plomo) entre los cultivos de producción orgánica y convencional. La capacidad de absorción de los metales pesados por el suelo no varía en función de la técnica de cultivo empleada. Por tanto, no se esperarían diferencias significativas. El cadmio podría ser una excepción. Debido a que el uso de lodos residuales está permitido en las prácticas agrícolas convencionales, es posible que los cultivos convencionales contuvieran mayores niveles de cadmio. No obstante, no se han observado diferencias significativas en estudios comparativos.(23, 42-44) 

3.2 Microorganismos y micotoxinas

Los alimentos pueden resultar contaminados por microorganismos (p. ej., bacterias y hongos) en cualquier momento durante el cultivo, la cosecha, el almacenamiento, el procesamiento, la distribución o la preparación. Entre las fuentes principales de contaminación microbiana se encuentran el suelo, el aire, el agua, el abono animal sin tratar utilizado como fertilizante, las pieles e intestinos de animales y la maquinaria y utensilios empleados en el procesamiento de alimentos. En lo que respecta a los contaminantes microbianos, la percepción de los consumidores es que los alimentos orgánicos están menos contaminados que los convencionales.(13)

Varios estudios indican que la contaminación con patógenos bacterianos es mayor en los cultivos orgánicos que en los convencionales, mientras que otras investigaciones no muestran diferencia alguna.(45-47) Algunos autores han sugerido que, dado el uso de abono animal y la prohibición de fungicidas y ciertos aditivos alimenticios en prácticas de producción orgánica, los alimentos orgánicos pueden suponer un mayor riesgo de contaminación microbiológica.(45, 48) En relación con el uso de abono animal, ciertas investigaciones han observado que la mayoría de los patógenos se destruyeron debido a las altas temperaturas producidas durante el proceso de formación del abono.(49, 50) Por otro lado, otros estudios sostienen que la formación de abono puede destruir las células vegetativas pero no así las esporas, las cuales pueden germinar en condiciones adecuadas.(51) La buena gestión del abono animal desempeña un papel importante en la prevención de la contaminación alimentaria microbiológica.(52) De este modo, un gran número de países desarrollaron directrices para el desarrollo de las mejores prácticas de gestión de abonos a lo largo de la cadena alimentaria (incluidos los consumidores) para garantizar la seguridad de los alimentos.

En relación con los alimentos, un estudio sistemático reciente concluyó que la contaminación bacteriana en aves de corral y cerdos era habitual, pero que no estaba relacionada con el método agrícola empleado. Sin embargo, el riesgo de aislamiento de bacterias resistentes a los antibióticos era mayor en aves de corral y cerdos convencionales que en orgánicos.(25)
Las micotoxinas constituyen otra cuestión importante relacionada con la seguridad de los alimentos. Las micotoxinas son producidas en ciertas condiciones por los hongos que crecen como contaminantes en cultivos de alimentos (durante el cultivo y/o almacenamiento). La presencia de micotoxinas en cultivos y alimentos, y los piensos animales producidos a partir de ellos, no es deseable, ya que son tóxicas y tienen efectos adversos tanto para la salud de los animales como para los humanos. Se han publicado estudios contradictorios sobre la aparición de micotixinas en alimentos orgánicos y convencionales. Algunos estudios han observado niveles significativamente superiores de micotoxinas en los alimentos orgánicos,(53, 54) otros indicaron niveles superiores de micotoxinas en alimentos convencionales(55-59), mientras que otros no han hallado ninguna diferencia.(44, 60-62) 
Estos datos muestran que no existen pruebas concluyentes sobre si los alimentos de producción orgánica o convencional son más proclives a la contaminación microbiológica o por micotoxinas.

3.3 Organismos modificados genéticamente y alimentos orgánicos

Aunque la modificación genética aporta numerosos beneficios potenciales, algunos consumidores la consideran no natural(63) y creen que la tolerancia de los consumidores a la presencia accidental de OMG en cultivos orgánicos es limitada.(64)

Según los reglamentos vigentes, está prohibido el uso de OMG en la producción de alimentos orgánicos (Artículo 9, Reglamento (CE) n.º 834/2007/CE(1)). El reglamento de la UE afirma que las prácticas agrícolas orgánicas deberían mantener la diversidad genética del sistema agrícola y su entorno. Los productores de alimentos orgánicos pueden confiar en las etiquetas o cualquier otro documento adjunto para garantizar que no se incluyen ingredientes OMG en los productos orgánicos. No obstante, conviene tener en cuenta que según la legislación relativa a los alimentos y piensos GM, el etiquetado GM no es necesario en los casos en los que los alimentos contengan OMG o se produzcan a partir de ellos en una proporción < 0,9 %. La legislación relativa a la producción orgánica requiere la no presencia de etiquetas orgánicas en alimentos que requieren una etiqueta GM. Como consecuencia, los alimentos con un ingrediente GM se podrían etiquetar como orgánicos si el porcentaje de GM de dicho ingrediente fuera inferior al 0,9 %.

4. Salubridad

La motivación que impulsa a ciertos consumidores a adquirir alimentos orgánicos son sus beneficios para la salud (es decir, su valor nutricional y su seguridad).(4) En función de las pruebas presentadas, no hay razón para apoyar la selección de los alimentos orgánicos sobre los convencionales para aumentar la ingesta de nutrientes específicos o reducir la presencia de contaminantes. Sin embargo, un estudio que realizó evaluaciones de ingesta de nutrientes y contaminantes basado en el consumo de verduras orgánicas y convencionales, descubrió que la ingesta de verduras era mayor entre los consumidores orgánicos.(65) En la mayor parte de los casos, la cantidad de verduras consumidas resultó ser más importante al determinar la ingesta de nutrientes y contaminantes que las diferencias, si las hay, en las concentraciones de nutrientes y contaminantes entre verduras orgánicas y convencionales.

Son escasos los estudios de investigación fiables que analizan el efecto del consumo de alimentos orgánicos en la salud de animales y personas. Pocos son los estudios con animales que sugirieron una asociación positiva entre los piensos orgánicos y el estado inmunitario de los animales(66, 67), mientras que varios estudios con humanos indicaron una influencia beneficiosa de las dietas orgánicas en la salud reproductiva, el crecimiento y el desarrollo del peso(22), el estado antioxidante del plasma (22, 68-70) o el riesgo de tener eczema.(71) No obstante, tres estudios recientes concluyeron que actualmente no existen pruebas de la presencia de beneficios para la salud relacionados con la nutrición derivados del consumo de alimentos orgánicos en comparación con los alimentos convencionales.(25, 72, 73) 

5. Procesamiento de alimentos convencionales y orgánicos

En los inicios de las prácticas agrícolas orgánicas, los consumidores interesados en alimentos orgánicos buscaban alimentos frescos o mínimamente procesados sin sustancias químicas sintéticas. Estos consumidores compraban principalmente alimentos directamente de los cultivadores, de los cuales adquirían información y conocimientos de primera mano sobre los alimentos orgánicos (“conoce a tu agricultor para conocer tus alimentos”). Hoy en día, las ventas de alimentos orgánicos en las grandes superficies como supermercados ha reemplazado rápidamente el contacto directo con el agricultor (74) y la competencia con los alimentos procesados convencionales probablemente aumente la disponibilidad de alimentos orgánicos procesados. No obstante, los consumidores consideran que el procesamiento de alimentos no es adecuado para los alimentos orgánicos. Los alimentos orgánicos se asocian a la pureza y la producción a pequeña escala, más que los alimentos producidos de forma local  o la producción familiar.(75)

Por ley, el procesamiento de alimentos orgánicos está permitido siempre que estos mantengan su integridad orgánica y sus cualidades vitales. En comparación con los métodos de procesamiento convencionales, el procesamiento de los alimentos orgánicos es incluso más restrictivo en su uso de aditivos alimentarios (consulte la lista que se muestra en el Anexo VIII del Reglamento n.º 889/2008/CE(2)), ingredientes no orgánicos con funciones principalmente tecnológicas y sensoriales, y micronutrientes y coadyuvantes de elaboración. Estos solo se pueden utilizar en caso de necesidades tecnológicas esenciales o propósitos nutricionales específicos.

6. Cualidades sensoriales

Aunque habitualmente los consumidores creen que los alimentos orgánicos tienen mejor sabor, color y gusto(22), no existen pruebas convincentes que sugieran que estos alimentos presenten cualidades sensoriales superiores.(17, 76) Varias pruebas sensoriales ciegas han demostrado que las diferencias entre los alimentos orgánicos y convencionales son escasas o nulas.(77-79) A pesar de ello, un gran número de jefes de cocina se decantan por los alimentos orgánicos por su superioridad sensorial.(80) Resulta conveniente tener en cuenta que el sabor, color y gusto, entre otros, de un cultivo puede variar en función del cultivar, el estado de madurez, la frescura o el tiempo que lleve almacenado.

7. Consideraciones medioambientales

Después de la salud, la protección del medioambiente constituye el siguiente factor más importante que motiva a los consumidores a comprar alimentos orgánicos.(4) A continuación se debaten cuatro indicadores principales del estado del medioambiente: i) la calidad del suelo y el agua, ii) las emisiones de gases de efecto invernadero, iii) la biodiversidad y iv) el uso eficiente de los recursos.

7.1 Calidad del suelo y el agua

Un alto contenido de materia orgánica en el suelo conlleva buenas condiciones agrícolas y medioambientales debido a la reducción de la erosión del suelo, una mayor capacidad de amortiguación y filtrado del mismo y un hábitat rico para los organismos vivos. Las prácticas agrícolas orgánicas influyen positivamente en el contenido de materia orgánica del suelo agrícola y la retención del carbono.(81) Este hecho se explica principalmente por el uso exclusivo de fertilizantes orgánicos (abono y estiércol), la rotación de los cultivos, el reciclado de los residuos de cultivo y un mayor porcentaje de pasto en comparación con el uso habitual de fertilizantes sintéticos en las prácticas agrícolas convencionales.

La pérdida de nitratos y fosfatos de las fuentes agrícolas influye en la calidad del suelo y el agua superficial (es decir, estimula el crecimiento de algas y reduce las concentraciones de oxígeno disponible, lo que dificulta el crecimiento de plantas y animales acuáticos). Varios estudios de investigación han demostrado que los niveles de eliminación de nitratos varía considerablemente entre las prácticas agrícolas orgánicas y convencionales, lo que indica que factores distintos a las prácticas agrícolas (p. ej., el clima y tipo de suelo) desempeñan un papel importante. De media, en la agricultura convencional se observa un mayor nivel de eliminación que en la agricultura orgánica, lo que se explica por una mayor aplicación de fertilizantes, un menor uso de cultivos bajos, una menor relación de carbono (C)-nitrógeno (N) y una mayor densidad (es decir, el número de anímales en una cantidad dada de terreno en un período de tiempo determinado).(81) Sin embargo, cuando la eliminación de nitrato se expresa por unidad de producto (por kg) no existen diferencias entre ambos sistemas. En relación con el fosfato, existen indicios que indican que la eliminación es menor en las prácticas agrícolas orgánicas que en las convencionales,(81) aunque es necesario respaldar esta hipótesis mediante estudios. La explicación más probable es de nuevo la menor aplicación de fertilizantes en las prácticas agrícolas orgánicas.

7.2 Emisiones de gases de efecto invernadero

Las emisiones de gases de efecto invernadero (dióxido de carbono, metano, óxido nitroso y clorofluorocarbonos) a la atmósfera son consideradas un factor muy importante en el cambio climático global. La producción agrícola es en parte responsable de la emisión de tres de los más importantes gases invernadero: el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso. Un metanálisis de investigación indicó que las prácticas agrícolas orgánicas producen una menor emisión de estos gases por hectárea que las prácticas convencionales.(81) Cuando la emisión se expresa por unidad de producto, no hay diferencia entre ambos sistemas. Si nos centramos en los dos gases que predominantemente se originan de la producción agrícola, el metano y el óxido nitroso, se han observado menores emisiones por hectárea en el caso de las prácticas agrícolas orgánicas.(81)

7.3 Biodiversidad

Tanto para la diversidad de las especies como para la abundancia de individuos dentro de cada especie, parece que las prácticas agrícolas orgánicas cuentan con mejores datos por hectárea que las prácticas convencionales.(82-84) La ausencia general de fertilizantes y pesticidas sintéticos, la gestión activa de hábitats no cultivados y los límites entre campos, así como la mayor presencia de cultivos mixtos, son las prácticas de gestión más importantes que contribuyen a la diversidad.

7.4 Uso eficiente de los recursos

Una serie de metanálisis de investigación indicaron un uso menos eficiente del suelo y por tanto menores producciones por hectárea en el caso de las prácticas agrícolas orgánicas en relación con las convencionales.(81, 85) Con respecto a la eficiencia energética, las prácticas agrícolas orgánicas son más eficientes que las convencionales en términos de la relación consumo/producción.(86) Las razones principales son la prohibición de pesticidas y fertilizantes sintéticos y el menor uso de pienso concentrado, lo que resulta en una menor necesidad de energía. Sin embargo, cuando se expresa por unidad de producto (por kg) las diferencias de eficiencia se reducen considerablemente.

En general, para los cuatro aspectos investigados, la producción orgánica es más respetuosa con el medioambiente cuando los hallazgos se expresan por área de producción (hectárea). Cuando se expresan por unidad de producto (kg) las diferencias se reducen considerablemente.

8. Bienestar animal

Los consumidores están cada vez más interesados por el bienestar de los animales que se utilizan en la producción de alimentos.(87, 88) Este hecho resulta obvio por el aumento de la demanda de determinados alimentos (p. ej., huevos de corral), el mayor número de vegetarianos y la necesidad de una legislación más exigente relativa al bienestar de los animales.(75) Aunque la preocupación de los consumidores por su salud y el medioambiente son factores importantes que influyen en su decisión de adquirir alimentos orgánicos, no se debe ignorar su interés por el bienestar de los animales.(75) Los consumidores perciben los alimentos orgánicos como alimentos que se producen de forma natural (es decir, sin sustancias químicas sintéticas y hormonas de crecimiento) y de manera no intensiva.(89) Creen que “los alimentos respetuosos con los animales” y orgánicos son equivalentes y utilizan el bienestar de los animales como indicador de seguridad y calidad alimentaria.(90)

Aunque es cierto que el bienestar animal es un componente clave de los principios de las prácticas orgánicas, no es necesariamente verdad que los requisitos de bienestar animal especificados en la legislación orgánica superen a los requisitos de bienestar animal de las prácticas agrícolas convencionales (estos son muy estrictos en la UE y hacen referencia no solo a la producción animal sino también a las prácticas de transporte, aturdimiento y sacrificio). Según el reglamento, las prácticas agrícolas orgánicas deberían incluir altos estándares de bienestar animal y satisfacer necesidades de comportamiento específicas de especie de los animales. La gestión de la salud animal debería basarse en la prevención de enfermedades. Los altos estándares de bienestar animal incluyen mayores zonas de alojamiento (incluido acceso al exterior), yacijas de paja obligatorias, pienso orgánico, uso restringido de antibióticos, mayores tiempos de espera antes de la entrega de productos después de tratamientos médicos, mayores períodos de destete (cerdos), la prohibición del grapado de rabos, dientes y picos y la elección de las razas adecuadas. La prevención de enfermedades en la producción de ganado orgánica se basa en la hipótesis de que el alojamiento, la alimentación y el cuidado de los animales se lleva a cabo de un modo que garantice que los animales desarrollan una resistencia natural óptima para combatir la enfermedad. Sin embargo, existen actualmente escasas evidencias científicas que avalen o refuten esta hipótesis.(87)

9. Suministro de alimentos

¿Pueden los alimentos orgánicos alimentar al mundo? Actualmente esta pregunta sigue en el aire. Existen evidencias que sugieren que las prácticas agrícolas orgánicas podrían producir alimento suficiente para mantener a la población mundial actual sin que fuera necesario aumentar la ocupación de terreno para la práctica agrícola. Además de considerar la degradación de los recursos como consecuencia de las prácticas agrícolas convencionales, estas pruebas se basan en la hipótesis de que toda la base de terreno agrícola se convierta a la producción orgánica.(85) Ahora bien, si la producción de alimentos orgánicos puede o no alimentar a la creciente población mundial, no está tan claro. Entre algunos de los factores importantes que intervienen en la sostenibilidad de las prácticas agrícolas orgánicas se encuentran la prohibición de pesticidas y fertilizantes sintéticos que consumen una alta cantidad de energía y la protección del medioambiente. No obstante, los detractores dudan que la agricultura sea capaz de alimentar a una población creciente sin que sea preciso maximizar la producción, reducir en gran medida las pérdidas previas y posteriores a la cosecha y utilizar nuevas tecnologías, como la modificación genética. Un estudio prospectivo desveló que si el 50 % de la agricultura europea y norteamericana se convirtiera a las prácticas orgánicas, la producción disminuiría, al tiempo que los precios de los productos básicos aumentarían.(91) De este modo, la hambruna empeoraría ligeramente en este escenario. Sin embargo, si áreas de bajo consumo del África subsahariana se convierten a las prácticas orgánicas, la producción aumentaría y los precios disminuirían. En este escenario, la seguridad alimentaria mejoraría ligeramente. Este hecho muestra la complejidad de la pregunta y exige más pruebas sobre la posibilidad de que el mundo pueda ser alimentado de forma orgánica.

10. Conclusión

En general, los alimentos y las prácticas agrícolas orgánicas se benefician de la percepción favorable de los consumidores, parte de la cual no se puede confirmar científicamente. Por tanto, es necesario llevar a cabo más estudios de investigación para consolidar las pruebas científicas acerca de los riesgos y beneficios relativos de los alimentos orgánicos en comparación con los alimentos y las prácticas agrícolas convencionales, para que así los consumidores puedan tomar decisiones basadas en información precisa y objetiva. Debido al extenso marco regulador, los consumidores pueden estar seguros de que tanto los alimentos orgánicos como los convencionales se pueden consumir de forma segura como parte de una dieta saludable y equilibrada. El término “orgánico” debería considerarse como un reclamo de producción que indique a los consumidores que un producto se produjo de acuerdo con los reglamentos orgánicos (Reglamento CE n.º 834/2007(1)), y no como un reclamo de productos (incluido el reclamo de la nutrición y la salud).

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Fecha de la última actualización 21/07/2016
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