En varios países europeos, un tercio o más de la población tiene problemas de peso. A pesar de que la gente es más consciente de la importancia de la dieta, la obesidad y el exceso de peso siguen representando un gran problema.
Si es Vd. un hombre de 1,80m y pesa más de 100 kilos o una mujer de 1,60 y pesa más de 77 kilos, es Vd. obeso. En menos de dos décadas, la obesidad en el Reino Unido ha aumentado del 8 al 16% entre las mujeres y del 6 al 13% entre los hombres.
Se habla de obesidad cuando el Índice de Masa Corporal (IMC, o en inglés, Body Mass Index, BMI) es superior a 30. El IMC se obtiene dividiendo el peso de una persona por el cuadrado de su estatura (kg./m2).
«Las personas obesas corren graves riesgos de salud, como hipertensión, diabetes no insulinodependiente, niveles elevados de colesterol y otros lípidos en sangre, problemas cardíacos, cáncer de mama y de colon», indica el Dr. Andrew Prentice, del Medical Research Centre del Reino Unido. Los expertos consideran que la obesidad consume del 3 al 8% de los gastos sanitarios totales en ciertos países europeos, es decir, tanto como los programas sanitarios contra el cáncer o el SIDA.
Siete hombres y ocho mujeres de cada 10 no realizan ninguna actividad física
Si bien los componentes genéticos desempeñan un papel fundamental en algunos casos, los factores ambientales contribuyen considerablemente a la obesidad. En la actualidad, la dieta típica europea, compuesta por alimentos energéticos y grasos, unida a una vida cada vez más sedentaria, favorece la obesidad. Existe un auténtico desequilibrio entre la energía que se ingiere y la energía que se gasta mediante la actividad física. Y el futuro se presenta aun peor. Esta preocupante tendencia ya afecta a niños y adolescentes.
Los obesos prefieren los alimentos con alto contenido en grasas. Pero resulta que los lípidos llenan menos que los hidratos de carbono o las proteínas, aunque contengan el doble de calorías. Mientras que ingerir grasas es fácil, quemarlas es otro cantar, ya que el cuerpo prefiere quemar hidratos de carbono.
Pero lo más sorprendente es que, por otro lado, está disminuyendo el consumo total de alimentos energéticos y grasos. Por consiguiente, ésta no es la causa de la epidemia actual de obesidad. Los expertos apuntan a nuestra vida cada vez más sedentaria. El ejercicio físico no cura la obesidad, pero favorece la oxidación de las grasas, proceso que al parecer no realizan las personas obesas.
Según los expertos, hay que «combinar dieta y ejercicio». «Es un buen comienzo para vencer la obesidad», añade el Dr. Prentice.
Para más información, véase también el nº 3 de la revista del EUFIC: "Entender la Obesidad".