En el número 11 de Food Today se exponían los distintos métodos científicos destinados a optimizar las plantas de cultivo mediante la modificación genética. Este artículo presenta los frutos (¡y las verduras!) de estas investigaciones.
Los virus que afectan a las plantas constituyen una de las mayores lacras de la agricultura en el mundo entero. La introducción de mecanismos de protección en los cultivos a través de la genética, además de hacerlos resistentes a los virus, presenta la ventaja añadida de que los agricultores necesitan menos sustancias químicas para controlar la difusión de las plagas.
Ya se están comercializando y cultivando experimentalmente en todo el mundo multitud de cereales, frutas y verduras resistentes a los virus. Cabe mencionar, entre tantos otros, tomates, patatas, melones, pimientos y papayas. También se ha logrado que muchas plantas de cultivo importantes adquieran resistencia a los herbicidas y los insectos, mediante modificación genética. En Food Today 9, encontrarán un artículo sobre este particular.
Otro de los objetivos fundamentales es mejorar la calidad de los alimentos aplicando estas técnicas. Uno de los primeros logros al respecto ha sido una variedad de tomate que puede permanecer más tiempo del habitual en la tomatera, y ganar así en sabor, sin madurar demasiado ni echarse a perder. Se consiguió gracias a una técnica que permite contrarrestar los efectos del gen encargado de producir en la planta una enzima que actúa sobre las células del tegumento que recubre el tomate, provocando su descomposición. Se están aplicando métodos similares a frutas como el plátano, la fresa, el melocotón y el melón. Se ha mejorado asimismo el aporte nutritivo del boniato, un cultivo primordial en muchos países pobres del trópico, mediante la introducción de un gen sintético que favorece el desarrollo de una proteína de reserva. Ésta tiene un alto contenido en los aminoácidos llamados esenciales que son los que el organismo humano no puede producir por sí mismo. Dicha variedad del boniato puede ser muy útil en las regiones del mundo donde escasean las proteínas de alta calidad. Todavía es temprano para producirla con fines comerciales, pero las pruebas realizadas hasta el momento resultan muy prometedoras.
La biotecnología sirve también para incrementar el aporte vitamínico de los alimentos. Los científicos, además de experimentar con diversos tipos de frutas y verduras para aumentar su contenido en vitaminas C y E, están tratando de incrementar el de vitamina A en ciertas variedades de patatas, plátanos y tomates. Esto constituye otro gran avance para los países en desarrollo, donde el déficit de vitamina A es bastante frecuente y produce trastornos de la vista. Otras investigaciones relativas a la elaboración de alimentos más saludables y con propiedades medicinales se aplican al desarrollo de plantas productoras de vacunas comestibles, destinadas al consumo humano.
La ciencia centra también su atención en los organismos que provocan diarrea, como la Escherichia coli (E.coli), principal responsable de la mortalidad infantil. Un grupo de investigadores realizó una serie de experimentos, en los que introdujeron en patatas un gen específico que codifica una proteína de E.coli. Se observó que los voluntarios que se prestaron a comerse las patatas producían anticuerpos contra la proteína. La fase siguiente consiste en inocular la E.coli a los sujetos inmunizados, para comprobar si los anticuerpos desarrollados son capaces de prevenir la diarrea. Estudios más avanzados dejan entrever la posibilidad de desarrollar plantas genéticamente modificadas capaces de generar una variedad comestible de la hormona de la insulina. Asimismo, las plantas podrían utilizarse para producir anticuerpos monoclónicos, muy costosos hasta ahora, en grandes cantidades, que se aplicarían al tratamiento de diversas enfermedades.
FOOD TODAY 03/1999