El estudio de dichas influencias contribuye al desarrollo de programas de nutrición y a la elaboración de mensajes educativos en materia de salud. Asimismo, a la hora de planificar estrategias de promoción sanitaria, resulta útil comprender el modo en el que las personas toman decisiones sobre su salud. Es aquí donde la influencia de la psicología social y sus modelos teóricos cobran importancia. Estos modelos ayudan a explicar la conducta humana y pueden utilizarse para determinar la probabilidad de que se den ciertos comportamientos, como un cambio de dieta.
Modelos de conducta relativos a la salud
Varias teorías han tratado de explicar la influencia de distintas variables en la conducta de un individuo con respecto a su salud y los elementos relevantes para incitar a las personas a cambiar. Entre las anteriores, se encuentran el “modelo de creencia en la salud” y la “teoría de motivación de protección” (que defiende que el sujeto necesita algún tipo de motivación para cambiar su conducta o tomar una decisión relacionada con su salud), la “teoría de la acción razonada” y la “teoría de la conducta planificada” (basada en la hipótesis de que lo que mejor permite predecir la conducta es la intención conductual) y el “modelo de etapas de cambio” (o “modelo transteórico”). El presente artículo se centrará en el “modelo de etapas de cambio”, ya que probablemente es el más conocido en el ámbito del cambio de régimen alimentario.
Clasificación de las distintas etapas de la conducta relativa a la salud
El “modelo de etapas de cambio” desarrollado por Prochaska y sus colaboradores 1 sugiere que el cambio conductual relacionado con la salud se lleva a cabo a lo largo de cinco etapas diferenciadas: precontemplación, contemplación, preparación, acción y mantenimiento. El modelo da por hecho que si hay diversos factores que influyen en la transición entre las distintas etapas, entonces los individuos responderán mejor ante intervenciones adaptadas a la etapa del cambio en que se encuentren.
El modelo parte de la base de que el cambio es un ciclo continuo, no un resultado final. Las personas pueden retroceder a etapas anteriores varias veces, pero esto no implica necesariamente que empiecen desde el principio cada vez. De este modo, se describe a los sujetos en términos de su progreso a lo largo de una serie de estados conductuales, además de tener en cuenta otras dimensiones relacionadas como, por ejemplo, la confianza del individuo en su propia capacidad de cambio. Esta información puede resultar útil a la hora de adaptar los mensajes educativos a las necesidades de los sujetos y a su disposición a tener en cuenta distintos tipos de información.
Es probable que la popularidad del “modelo de etapas de cambio” se deba al hecho de que este modelo ofrece orientación práctica en cuanto a la intervención y consigue condensar la complejidad de la teoría del cambio de conducta de tal modo que pueda enseñarse a los profesionales. Por otra parte, la ventaja de este enfoque reside en que pueden estudiarse muestras amplias, elegidas al azar, con mensajes adaptados a la etapa de disposición al cambio de las distintas personas.
Limitaciones asociadas con el “modelo de etapas de cambio”
A pesar de su popularidad, este modelo tiene sus puntos débiles. Por ejemplo, no se ha logrado un consenso sobre cuál es el método más indicado para definir y medir las etapas de un cambio de régimen alimentario 2. Otra crítica de la que es objeto es que el uso de marcos temporales fijos para diferenciar unas etapas de otras impide apreciar los cambios graduales en la conducta. Seguramente el modelo de etapas resulte más apropiado para comportamientos más discretos y sencillos, como consumir cinco raciones de fruta y verdura al día o beber leche desnatada (objetivos relativos a los alimentos), que para cambios dietéticos complejos como alcanzar una alimentación pobre en grasas (objetivo relativo a los nutrientes) 3. Por consiguiente, otros modelos conductuales pueden resultar más apropiados para objetivos complejos, como la reducción de la grasa en la dieta.
En cualquier caso, este modelo se ha utilizado para entender los cambios en el régimen alimentario y permite diferenciar grupos con actitudes claramente distintas hacia la salud alimentaria. La mejor forma de poner a prueba este modelo consiste en averiguar si las intervenciones dietéticas adaptadas a las distintas etapas resultan más eficaces que los enfoques tradicionales.
En estos momentos, ninguna teoría o modelo explica y predice de forma satisfactoria toda la gama de conductas relacionadas con la elección de alimentos, por lo que es esencial que la investigación en este campo continúe 4. En general, los modelos deberían considerarse un medio para comprender los factores que influyen en las decisiones y conductas individuales, que puede servir para planificar intervenciones apropiadas de promoción de la salud.
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Referencias
- Prochaska JO, DiClemente CC & Norcross JC (1992) In search of how people change: Applications to addictive behaviours. American Psychology 47: 1102-1114.
- Kristal AR, Glanz K, Curry SJ, Patterson RE (1999) How can stages of change be best used in dietary interventions? Journal of American Dietetic Association 99: 679-684.
- Horwath CC (1999) Applying the transtheoretical model to eating behaviour change: challenges and opportunities. Nutrition Research Reviews 12: 281-317.
- Nestle M, Wing R, Birch L, DiSogra L, Drewnowski A, Arbor A, Middleton S, Sigman-Grant M, Sobal J, Winston M, Economos C (1998) Behavioural and social influences on food choice. Nutrition Reviews 56(5): S50-S64.
FOOD TODAY 02/2005