El verano es la época de los viajes y las vacaciones. También es la estación de la enfermedad del viajero, que puede confundirse fácilmente con una afección gastrointestinal vírica, pero que se contrae, en general, al ingerir comida o bebida en mal estado. Para reducir el riesgo de que una intoxicación le estropee las vacaciones, basta con seguir unas simples pautas preventivas.
¿Podemos confiar en los restaurantes?
Viajar conlleva a menudo comer en restaurantes desconocidos. Para saber si en ellos se aplican las normas básicas de higiene, observe primero el estado general del establecimiento y el interior de los aseos. Los camareros deben tener un aspecto cuidado y la vajilla y los cubiertos deben estar limpios, ya que la negligencia en el comedor suele reflejar la falta de higiene en las cocinas.
Si los hay, examine los mostradores donde se colocan el bufet y las ensaladas. La comida caliente debe exhalar vapor y la fría debe estar refrigerada, o rodeada de hielo. Verifique también que hay platos limpios para volver a servirse y que los mangos de los cubiertos de servir son suficientemente largos.
Examine los tapones y precintos de las botellas
La comida y la bebida pueden contener bacterias, virus y parásitos si no se manipulan con precaución.
El agua con cloro suele ser inocua. Pero, si no está seguro de la calidad del agua local, beba únicamente café, té y bebidas embotelladas o enlatadas. Si el agua no es de fiar, tampoco lo son los cubitos de hielo ni los recipientes para beber, así que beba directamente de la botella o la lata. Limpie y seque bien el orificio antes de abrir el envase y asegúrese de que los tapones y precintos están intactos.
Al lavarse los dientes, utilice agua mineral o hervida durante un minuto (o más, en caso de que se encuentre a cierta altitud). Si carece de los medios necesarios, compre pastillas de yodo en una farmacia para desinfectar el agua.
Escoja cuidadosamente la comida
Trate de evitar los alimentos crudos y los elaborados con leche no pasteurizada. Coma sólo platos cocinados que todavía estén calientes y fruta que haya pelado usted mismo, ya que puede haberse lavado con agua contaminada. Recuerde que los cuencos (con cacahuetes y galletas de aperitivo, o chocolatinas para el café) pasan por muchas manos, algunas sucias, y es probable que contengan bacterias. Tenga mucho cuidado con la comida que ofrecen los vendedores callejeros.
… si no ha podido evitarlo
La diarrea es peligrosa porque produce la deshidratación del organismo, provocando debilidad y mareos. No tome medicamentos antidiarréicos al notar los primeros síntomas; conceda a su cuerpo un día o dos para resolver el problema de forma natural. Las pastillas de carbón vegetal y los taninos pueden mitigar las molestias. Si la diarrea se presenta, beba tanto líquido como pueda, asegurándose de que sea fiable. Empiece tomando agua, consomés y té suave. Los refrescos también son recomendables por su contenido en azúcar.
Las emulsiones solubles de rehidratación son muy eficaces porque se absorben con mucha facilidad. Mézclelas con agua pura o mineral, de acuerdo con las instrucciones del envoltorio. De ser necesario, añada zumo de limón para atenuar el sabor.
Trate de comer, si es posible. Inténtelo primero con alimentos suaves, como biscotes, arroz y galletas saladas. Pase luego a la carne a la plancha y la verdura hervida. En este estadio, evite la leche, los derivados lácteos, los alimentos crudos, las frituras y la comida grasa o picante, excepto el yogur y otros probióticos, que tienen la propiedad de restaurar la flora intestinal "buena" deteriorada por la diarrea.
La diarrea desaparece a menudo sin tratamiento. Sin embargo, si los síntomas persisten durante unos cuantos días, acuda al médico.
Siguiendo estas sencillas normas, podrá reducir considerablemente el riesgo de dar al traste con sus vacaciones y disfrutar así de los placeres y el deleite de descubrir la gastronomía del lugar que le acoge.
FOOD TODAY 05/2000