La biodiversidad, o variación genética, resulta esencial para la salud de nuestro planeta y la riqueza de nuestras sociedades. Tanto si la consideramos una cuestión moral como si la juzgamos económica, su importancia es capital.
A lo largo de la historia de la evolución, las especies se han extinguido a un ritmo constante, pero esta pérdida de biodiversidad se ha ido equilibrando siempre por medio de la mutación genética y la selección natural. Sin embargo, en el mundo moderno, hemos llegado a una situación en que la velocidad a la que las especies se extinguen sobrepasa con creces el ritmo a que aumenta la evolución.
La llegada de la biotecnología ofrece soluciones para algunos problemas actuales y futuros relacionados con la biodiversidad. Por ejemplo, la posibilidad de transferir genes entre diferentes especies de plantas, animales y microorganismos aumenta enormemente los recursos genéticos de que pueden disponer los cultivadores de plantas. Las técnicas asociadas de tecnología basada en la recombinación de ADN también permiten a los conservacionistas caracterizar los recursos genéticos existentes de manera mucho más rápida y exacta. Desde los inicios de la agricultura, los granjeros han sacado provecho de los recursos genéticos de que podían disponer libremente hasta hoy en todo el mundo.
Gran dependencia de pocas plantas
La prosperidad de las naciones se ha edificado inicialmente sobre la base del éxito del desarrollo agrícola, que a su vez ha dependido del uso de unas materias primas genéticas adecuadas.
Actualmente, de la cifra aproximada de un cuarto de millón de especies de plantas con flores, cerca de 500 se utilizan para la alimentación humana y sólo tres especies (el arroz, el trigo y el maíz) proporcionan casi el 60% de los nutrientes que el ser humano extrae de las plantas. Un grado de dependencia tan elevado y basado en tan pocas especies vegetales se ve agravada por el hecho que la variación genética de cada una de estas especies se ha debilitado debido a los programas de selección de los cultivadores de plantas. Existe el peligro de que estos cultivos no hayan retenido la suficiente variabilidad genética, que les permitiría adaptarse a los cambios ambientales.
Para lograr una mejora de las plantas de modo que éstas se hagan, por ejemplo, resistentes a plagas y enfermedades, o más tolerantes a la salinidad y la sequía, o incluso para que necesiten extraer menos nutrientes de la tierra, tradicionalmente los cultivadores de plantas han confiado en la posibilidad de acceder a material genético de entre una gama de especies silvestres y variedades tradicionales lo más amplia posible. La biotecnología puede ofrecer soluciones alternativas a alguno de estos problemas, pero los esfuerzos para conservar la diversidad genética resultan esenciales y deben garantizar la seguridad y la disponibilidad de recursos, así como proporcionar una información adecuada y suficiente sobre el tema a cualquiera que lo desee. Deben utilizarse todos los métodos de conservación disponibles, in situ, en la granja y en los bancos de genes. Por otra parte, debería explotarse el conocimiento tradicional sobre las variedades autóctonas y las plantas silvestres y sus usos.
FOOD TODAY 06/1998