Según las encuestas, aproximadamente el 20% de los adultos afirman ser alérgicos a algún alimento. Sin embargo, tras un minucioso examen, se diagnostican alergias tan sólo en el 1% de los casos. Los niños son mucho más propensos a padecerlas debido a que su sistema inmunológico todavía no está completamente desarrollado.
¿En qué consiste la alergia a los alimentos?
Este tipo de alergia consiste en una reacción a un alimento o a alguno de sus componentes en la que interviene el sistema inmunológico del organismo. Se dan otras reacciones que afectan al metabolismo y no al sistema inmunológico. Se habla, entonces, de intolerancia a ciertos alimentos, es el caso de la intoxicación alimentaria o la carencia de enzimas, que dificulta la digestión de ciertos componentes, como la lactosa (el azúcar de la leche).
Las auténticas reacciones alérgicas presentan tres etapas: Contacto con el alérgeno (la sustancia que provoca la reacción, suele ser una proteína); incremento de la inmunoglobulina E (la Ig. E es un anticuerpo del sistema inmunológico que reacciona ante los alérgenos) y desencadenamiento de los síntomas alérgicos, cuando los mastocitos (células de los tejidos) y las células basófilas de la sangre segregan histamina u otras sustancias, al entrar en contacto con los anticuerpos Ig. E.
Cuando el sistema inmunológico reconoce un alérgeno en un alimento, produce anticuerpos para bloquear la difusión del agente externo. El cuerpo muestra simultáneamente una reacción física, que puede manifestarse en forma de inflamación de los labios, retortijones, vómitos y diarrea, erupciones cutáneas, sarpullidos o eccema, moqueo o trastornos respiratorios. Un síntoma más grave y menos frecuente es el choque anafiláctico, que puede resultar mortal y requiere atención médica inmediata.
La alergia alimentaria es poco frecuente, pero puede originarla cualquier tipo de alimento. El ILSI (Instituto Internacional de las Ciencias de la Vida) ha elaborado una lista, extraída de un proyecto de CODEX, de los alérgenos más comunes, ordenados en tres categorías: Alérgenos «graves»: cacahuetes Alérgenos «fuertes»: cereales con gluten (avena, trigo, cebada, centeno), marisco (excepto los mejillones), huevos, pescado, soja, proteínas lácteas, frutos secos (almendras, avellanas, pistachos, nueces de pacana, piñones, castañas de brasil, anacardos, nueces de macadamia) y semillas de sésamo. Alérgenos «leves»: alforfón, apio, frutas con hueso (albaricoques, cerezas, melocotones y ciruelas).
¿Cómo actuar ante la posibilidad de una alergia?
Cuando exista la sospecha de que se padece una alergia, se recomienda dejar de comer el alimento susceptible de provocarla hasta que se realice un examen médico para determinar las causas, ya que otros factores, como la mala condición física, podrían producir síntomas similares. Si, en efecto, los síntomas derivan de una alergia, es necesario consultar a un alergólogo. Sólo se obtendrá un diagnóstico fiable de alergia alimentaria si se realizan las correspondientes pruebas dermatológicas (aplicación de muestras del alimento sobre la piel) y las dobles pruebas a ciegas de suministro por vía oral (ingesta del alimento y de un placebo en forma de cápsulas, sin que ni el doctor ni el paciente conozcan su contenido).
Vivir con una alergia alimentaria
Todavía no se ha descubierto el tratamiento capaz de sanar de forma permanente las alergias a los alimentos. Si el diagnóstico es afirmativo sólo existe una solución eficaz, consistente en renunciar al alimento en cuestión. Debemos ser conscientes de que la eliminación radical de alimentos, sobre todo cuando se trata de alimentos básicos, requiere un seguimiento médico para evitar posibles desequilibrios dietéticos. Cuando se aplica a los niños, hay que prestar especial atención.
FOOD TODAY 03/1999