¿Cómo absorbe y utiliza nuestro cuerpo los azúcares?
javier teran, Venezuela
Todos los carbohidratos, ya sean azúcares o almidón, son digeridos en el intestino para formar glucosa, que a su vez es distribuida a todo el organismo a través de la sangre y es convertida por las células en energía.
En ese punto entra en juego una hormona llamada insulina, secretada por las glándulas pancreáticas en el abdomen, que es la que controla la distribución de la glucosa entre las células.
Cuando existe un exceso de glucosa, esta es convertida en glicógeno, sustancia almacenada en el hígado o convertida en grasa que se acumula en el organismo. Si nuestro cuerpo requiere más energía una segunda hormona, el glucagón, que es secretado por las células del páncreas, convierte el glicógeno de nuevo en glucosa que será transportada por el flujo sanguíneo para que, con ayuda de la insulina, las células puedan obtener la energía necesaria para hacer funcionar nuestro organismo.
El metabolismo de los azucares en general y de la glucosa en particular consiste en un ciclo de reacciones entre la glucosa, la insulina y el glucagón. Cuanto más lenta es la secreción de glucosa y de hormonas, más estables y sostenibles son los niveles de energía en el organismo. En general suele considerarse que cuanto más refinado es un tipo de carbohidrato, más rápida será la secreción de glucosa al flujo sanguíneo y esto desestabilizará los niveles de energía en el organismo. Los carbohidratos complejos aseguran una degradación y una liberación de glucosa en la sangre más lenta y estable que los carbohidratos simples.
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