El estrés y la ingestión de alimentos

Last Updated : 02 February 2015

Algunas personas comen menos en respuesta al estrés, mientras que otras comen más. Los innovadores métodos para abordar la conducta alimentaria relacionada con el estrés podrían ayudar a las personas a controlar el peso y reducir el estrés subyacente.

Estrés agudo frente a estrés crónico

Cuando percibimos una amenaza inmediata (estrés agudo), el cerebro envía una señal a diversos sistemas, incluido el sistema hipotalámico-hipofisario-suprarrenal (HHS), y activa hormonas relacionadas con el estrés, lo que desencadena una cascada de eventos que preparan al cuerpo para la acción. Por ejemplo, se moviliza la glucosa para aportar energía a los músculos y el cerebro, se agudizan los sentidos, el corazón bombea más rápido y se acelera la respiración. Esta reacción, conocida comúnmente como respuesta de "lucha o huida", evolucionó como mecanismo de supervivencia que nos permite reaccionar con rapidez a situaciones de la vida que percibimos como amenaza.

En una respuesta saludable al estrés, los niveles de las hormonas del estrés, como la adrenalina y el cortisol, aumentan para satisfacer la demanda de la situación y, una vez superada ésta, descienden rápidamente. En el estrés crónico se produce una exposición prolongada a las hormonas del estrés, en especial al cortisol, y el cuerpo podría no volver al estado de reposo saludable denominado homeostasis, lo que podría tener consecuencias graves para la salud e incidir negativamente en los sistemas inmunológico, cardiovascular y nervioso central.

El estrés y la conducta alimentaria

En situaciones con niveles altos de estrés agudo se suprime el apetito, por ejemplo, bajo amenaza física importante1. Sin embargo, el estrés menos intenso pero mantenido en el tiempo, como la presión laboral, puede afectar a la conducta alimentaria de diferentes formas. Se calcula que aproximadamente el 30% de las personas come menos de lo normal en situaciones de estrés, mientras que la mayoría come más2. Se cree que el sistema de respuesta al estrés HHS, que utiliza las mismas vías neuronales que el control de la ingestión de alimentos, es fundamental para explicar por qué se come en exceso o de forma insuficiente2.

Respuestas individuales

Las ratas que se alimentan con comida estándar ingieren cantidades menores en respuesta al estrés y pierden peso. Sin embargo, las ratas comen más si se les suministran alimentos sabrosos en lugar de alimentos estándar, lo que sugiere que los alimentos placenteros podrían ayudar a aliviar los síntomas del estrés.

Los humanos tienen acceso regularmente a alimentos placenteros. Algunas personas utilizan la comida como forma de aliviar la tensión y contrarrestar los estados emocionales, mientras que otras no lo hacen. En las personas que controlan de forma estricta su ingesta de alimentos (por alimentación restringida o por dieta), el estrés puede anular su control consciente, lo que conlleva un consumo excesivo de “alimentos restringidos”1. Asimismo, la capacidad de diferenciar entre hambre y otros estados internos desagradables como el estrés no es la misma en todas las personas3. Se ha sugerido la posibilidad de que las personas que están más “conectadas” con su apetito y metabolismo sean las que menos coman en respuesta al estrés3.

El estrés y la forma del cuerpo

En estudios de laboratorio se ha observado que en comparación con los sujetos del grupo control, los hombres y las mujeres sanos que muestran un aumento de cortisol en respuesta al estrés presentan una obesidad abdominal mayor, igual que las personas con niveles de cortisol matutinos más altos, lo que constituye un síntoma de estrés en su vida cotidiana y laboral2. El nivel socioeconómico bajo y las presiones laborales, dos indicadores de estrés crónico, se han asociado con niveles mayores de obesidad abdominal4. Se sugiere que la sinergia de niveles altos de cortisol crónicos con niveles altos de insulina, una hormona que ayuda al cuerpo a utilizar la glucosa, facilita que se deposite grasa alrededor de la cintura2. Sin embargo, no todos los estudios han encontrado un vínculo entre el estrés y los niveles de obesidad generales5.

Un enfoque consciente

Hace ya algún tiempo que existen programas conscientes (también conocidos como mindfulness) para la reducción del estrés, que se han aplicado más recientemente al control de los trastornos alimentarios. Utilizan técnicas que interrumpen los patrones de pensamiento, las emociones y los comportamientos habituales y mejoran la conciencia sobre los pensamientos, los sentimientos y las experiencias sensoriales3. Este enfoque ayuda a las personas a entrar en contacto con sus señales internas (a reconocer el hambre y la saciedad, las emociones y las pistas externas), en lugar de apoyarse en respuestas aprendidas. Una revisión bibliográfica reciente de los programas conscientes observó que el 86% de los estudios informaban de mejoras en los comportamientos alimentarios que se pretendían conseguir6. Este enfoque, además de mejorar la elección de alimentos y ayudar a controlar el peso, podría reducir también el estrés subyacente.

Referencias

  1. Torres A & Nowson C (2007). Relationship between stress, eating behavior and obesity. Nutrition 23(11-12):887-894.
  2. Adam TC & Epel ES (2007). Stress, eating and the reward system. Physiology and Behaviour 91:449-458.
  3. Dallman MF (2010). Stress-induced obesity and the emotional nervous system. Trends in Endocrinology and Metabolism 21(3):159-165.
  4. Brunner EJ, Chandola T & Marmot (2007). Prospective effect of job strain on general and central obesity in the Whitehall II study. American Journal of Epidemiology 165(7):828-837.
  5. Block J, et al. (2009). Psychosocial stress and change in weight among US adults. American Journal of Epidemiology 170(2):181-192.
  6. O’Reilly GA, et al. (2014). Mindfulness-based interventions for obesity-related eating behaviours: a literature review. Obesity Reviews 15:453-461.

Para obtener más información
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